Es un campo esencial a la hora de tratar diversas enfermedades propias del envejecimiento, como el dolor, la pérdida del equilibrio, la funcionalidad articular, la elasticidad o la masa muscular.
Existen una serie de patologías comunes que pueden ser tratadas de manera efectiva:
- Enfermedades óseas, como la osteoporosis o la artritis.
- Enfermedades renales, como la incontinencia urinaria y fecal.
- Lesiones propias de la edad, son comunes los reemplazos articulares o las fracturas de cadera.
- Desordenes de la coordinación y el equilibrio.
- Enfermedades neurológicas, destacan el Parkinson y el Alzheimer.
- Limitaciones funcionales relacionadas con la movilidad.
- Enfermedades cardíacas y pulmonares.
Dependiendo de los objetivos que el fisioterapeuta quiera perseguir con cada paciente, la fisioterapia geriátrica tendrá unos beneficios determinados. Generalmente, estos beneficios podrán verse tanto a nivel físico como psicológico. Enumeramos algunos de los más comunes:
- Combate la falta de actividad y mejora su movilidad física.
- Contribuye a recuperar la flexibilidad y la masa muscular, además de fortalecerla.
- Aumenta la autoestima del paciente, así como su seguridad en sí mismo.
- Mantiene de autonomía de los movimientos.
- Trabaja la sensibilidad y la capacidad articular.
- Mejora el control postural.
- Reduce el dolor y puede llegar a retrasar el avance de la patología.
- Mejora la coordinación y el equilibrio, reduciendo el riesgo de lesiones producidas por caídas.